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A mi padre: Román Corral Sandoval

Jun 22nd, 2009 | By admin | Category: Colaboradores

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¡Su ejemplo de honradez, de persona íntegra, de conducta intachable e imagen impecable me acompañará hasta el final de mi vida!

A pesar de que mi padre, Alfredo Corral Rodríguez, (1920-1984), originario de Valle de Olivos, Chihuahua, desempeñó varias actividades, según me contaba mi madre, únicamente lo recuerdo con una pistola enfundada fajada al cinto; igual imagen tengo de mi abuelo Ramón Sandoval Castro. Me acostumbré a relacionarme y a convivir con policías, dentro y fuera de mi casa.

Mi infancia y adolescencia se desarrollaron escuchando sobre asuntos o casos de la Penitenciaría del Estado y de la Comandancia de Policía ubicada en la Colonia Santa Rosa. Ambos edificios los conocí por dentro y por fuera y a muchos elementos de las corporaciones policíacas, compañeros de trabajo de mis familiares.

Mi padre trabajó como policía de punto en los años 40’s; después fue jefe de celadores de la penitenciaría de 1958 a 1960, año en que ingresó a la Policía Judicial del Estado de Chihuahua, de donde se pensionó en febrero de 1975; a finales de los años 70’s ingresó como Agente del Servicio Secreto de la Presidencia Municipal de Chihuahua.

En 1966 sufrió un accidente automovilístico que poco a poco le fue minando su salud. Estaba en servicio y viajaba como copiloto a bordo de una patrulla de la PJE; el vehículo oficial fue embestido y arrastrado por un pesado camión materialista cargado de grava en la avenida 20 de Noviembre.

El dompe presentó falla en el sistema de frenos; transitaba de sur a norte por la avenida Independencia la cual tiene pronunciadas subidas y bajadas. Al acercarse a la avenida 20 de Noviembre, ya iba sin control, a gran velocidad impactándose de lleno con el vehículo policial del lado donde viajaba mi padre quien sufrió golpes contusos y la fractura de varias costillas, una de las cuales afectó con el tiempo el funcionamiento del único riñón con que había nacido.

Durante dieciocho años en repetidas ocasiones mi familia lo internó de emergencia en diferentes clínicas de la Ciudad de Chihuahua. Mi padre nunca tuvo automóvil y ninguna clase de propiedad o negocios a pesar de haber trabajado como policía por más de treinta años. Su trabajo como servidor público fue anónimo y escasamente reconocido por sus jefes superiores quienes en su mayoría tenían otras clases de intereses.

Falleció conectado a la máquina de hemodiálisis de la Clínica del Parque a las nueve de la noche del 11 de enero de 1984. Desde niño siempre contó con mi cariño, respeto y admiración y en lo esencial siempre he querido seguir su ejemplo, porque país esta sediento de personas íntegras, honradas y enhiestas.

La vida de mi padre, como ser humano extraordinario, como elemento policiaco valioso y honesto podría abarcar varios tomos de una enciclopedia, pero lo importante fue lo que él escribió para siempre en mi mente y corazón, entre otras cosas, lo referente al respeto hacia mis semejantes, el amor a la verdad y la justicia y la defensa irrenunciable de nuestra dignidad como personas.

Su ejemplo de honradez, de persona íntegra, de conducta intachable e imagen impecable me acompañará hasta el final de mi vida. Mi padre era un gran conocedor del modus operandis de los delincuentes de la Ciudad de Chihuahua y seguido lo consultaban otros policías sobre el tema cuando querían resolver algún caso en especial.

En la aprehensión de sujetos rijosos y de otros presuntos delincuentes entraba con todo, por lo que era frecuente que llegara a casa con la ropa convertida en hilachos o destrozada, con golpes contusos, innumerables escoriaciones y hemorragias, nasal y bucal, al enfrentarse cuerpo a cuerpo con los “grifos”, como él nombraba a sujetos drogados con marihuana.

En una ocasión, al seguir a unos delincuentes, saltó por unas tapias altas y se fracturó los talones. Mi padre tenía buena condición física, debido a su origen campesino, y seguido nos invitaba a subir hasta la cima del Cerro Grande de la Colonia Dale de la Ciudad de Chihuahua. Su condición física la había obtenido debido a su origen campesino y a la monta de caballos salvajes. Mi padre sin proponérselo incrementó mi gusto por la lectura ya que a diario compraba los periódicos de los cuales yo le recortaba las notas policíacas más relevantes.



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