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Encuentran restos de los Tubares, etnia desaparecida en Chihuahua


Las ruinas de más de mil años de antigüedad localizadas en la Sierra Tarahumara podrían corresponder a los tubares

Especializas del Instituto Nacional de Antropología e Historia(INAH-Conaculta) localizaron en la Sierra Tarahumara más de una decenade sitios de carácter habitacional y funerario, algunos con más de milaños de antigüedad, que podrían corresponder a los tubares, un grupoindígena que se extinguió hacia finales del siglo XIX.

Los sitios se encuentran al interior de cuevas de poca profundidad enla Barranca de la Sinforosa, en el estado de Chihuahua y de acuerdo conestudios preliminares podrían corresponder a los Tubares, un grupoindígena que durante la Colonia se aisló en la Sierra Tarahumara paraevitar su evangelización y que se extinguió hacia finales del sigloXIX, informó el INAH.

Un grupo de indígenas encontró estos vestigios durante el segundosemestre de 2009 y avisaron al INAH, pero fue necesario dejar pasar latemporada de lluvias para que los especialistas realizaran una visitade exploración arqueológica, ya que el fango y la espesa vegetacióndificultaban el acceso.

Se trata de nueve sitios de tipo habitacional/residencial, dos de tipoceremonial/ritual y un par más de carácter funerario/cementerios,encontrados en las localidades de Ohuivo, Chorogue, Zapuri y Güerachi,correspondientes al municipio de Guachochi.

De acuerdo a la arquitectura, el sistema de entierros y referencias deinvestigación en la región, la antigüedad de esos sitios correspondedel año mil d.C. a los siglos XVI y XVII, afirmó el arqueólogo EnriqueChacón, adscrito al INAH-Conaculta.

“En la memoria histórica colectiva del pueblo rarámuri (tarahumara) setiene la referencia de que los sitios arqueológicos que localizamosfueron habitados por los cocoyomes, término que era utilizado paradesignar así a los tubares que no aceptaron la evangelización y seaislaron hacia los rincones más profundos de la Sierra Tarahumara”,explicó Enrique Chacón.

Hasta el momento, dijo, no se han podido definir las principalescaracterísticas de esta etnia, pero se sabe que era un pueblo ribereñoque desarrolló a partir de su relación con los ríos que corren por lasbarrancas de la Sierra Tarahumara.

Asimismo, establecieron relaciones culturales con el pueblo rarámuri ylos grupos de la costa del Pacífico (norte de Sinaloa y sur de Sonora).

“Se sabe que los tubares tuvieron tres etapas de desarrollo: fueronnómadas, luego seminómadas y finalmente se asentaron y formaronpequeñas comunidades aprovechando las cuevas como viviendas, tumbas ygraneros para almacenar sus alimentos”, expresó Chacón.

Los sitios habitacionales/residenciales son similares a los quetradicionalmente se conocen en el noroeste de México y suroeste deEstados Unidos como “casas en acantilado”.

“Son construcciones de tierra y piedra, con aplanados en lasparedes. Corresponden a cuartos destinados para dormitorio, así comograneros y otras estructuras para almacenamiento. Todas ellas fueronconstruidas al interior de abrigos rocosos o cuevas de pocaprofundidad, y eran utilizadas para dormir y protegerse de animalessalvajes que abundaban como león, puma, oso y lobo, o de otras tribusenemigas”, indicó el especialista.

En los espacios de índole funeraria, detectados en un pequeño abrigorocoso, se localizaron los restos de cinco individuos: dos infantes ytres jóvenes, los cuales datan de los años mil al mil 450 d.C,mientras que en una cueva se encontraron los restos de al menos seisindividuos de ambos sexos (infantes, jóvenes y adultos), que datan delos siglos XVI o XVII.

“En general, los restos humanos se encontraron dispersos, sin articulación ni posición anatómica”.

Las evidencias materiales asociadas indican que los individuos fueronenvueltos en mantas de fibras vegetales (petates), atados con cuerdas yasegurados con agujas de madera. Fueron sepultados con ofrendas,compuestas por artefactos de cerámica lisa y de calabaza-guajes,principalmente.

En cuanto a los sitios ceremoniales/rituales, abundó el especialista,corresponden a oquedades (morteros o pocitos) realizadas sobre la peñade los cerros donde, al parecer, se realizaban rituales. De este tipode sitios, uno de ellos se localizó en la cúspide de un cerro y el otroen la entrada de una cueva.

Enrique Chacón concluyó que el primer paso para la protección de lascuevas y en general de los vestigios arqueológicos, ha sido el registrode los mismos y su inclusión en el Registro Público de Monumentos yZonas Arqueológicas.


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