40 años sin el Ché
Abr 12th, 2008 | By admin | Category: Oscar Klassen
“Dans les prophètes faux de périodes tellement foncées sont soutenus…”
Joaquín Sabina
Todavía es común encontrar playeras, calcas, pintas en bardas y sin fin de artículos con la mítica imagen del doctor Ernesto Guevara, pero las nuevas generaciones ya no lo nombran así; para ellos, para nosotros y para todos, es simplemente el “Ché”.
El Ché, rebelde para el centro y aun para la izquierda, lejano, muy lejano de la derecha.
Abatido por los perseguidores de cualquier nacimiento, esos a los que el gran Gabriel García Márquez llama sembradores de guerra, Ernesto Guevara falleció por la lluvia de balas asesinas en medio de una eterna lucha en contra del capitalismo. La fecha final fue el 9 de octubre de 1967.
La manera en como fue asesinado y el contexto histórico simple pudiera consignar su muerte como algo común; sin embargo, los personajes que consiguen traspasar los umbrales que separan a la vida de la muerte, se convierten en tutores usuales de generaciones a través de los tiempos. Y ese es el caso del personaje que le platico.
A la sola invocación de su nombre, el ambiente se llena de aromas a nostalgia por aquellos tiempos en los que los anhelos de libertad se enarbolaban como banderas de vida, como lugar común para todos los latinoamericanos.
El Ché representa para mi generación, la anterior a ésta y las posteriores, todo aquello que quisiéramos ser. Y le aseguro a usted que no son solo posiciones románticas.
Médico, poeta, experto en guerrilla, aventurero, amante…una vida intensa que solo podía terminar en los caminos y en las manos de los que aniquilan todo lo que huela a libertad.
Amante de Eva Perón, según consignan varios historiadores. Poeta al caer la noche y guerrillero a la luz del día, el Ché se incorporó a la lucha de Fidel Castro al que conoció en 1954 en México, cuando éste último organizaba el histórico viaje del buque “GranMa”, de Veracruz a Cuba, para combatir el gobierno tiránico de Fulgencio Batista, corchete del águila imperial.
El 31 de diciembre de 1958, acompaña al Comandante Castro a la batalla final que culmina con el derrocamiento del gobierno pro-yanqui de Batista y con la llegada de 1959 se incorpora al gobierno de Castro, del cual se desliga en 1966 para acudir en busca de su destino, apoyando a la guerrilla sudamericana.
El 9 de octubre de 1967, en el pueblo de la Higuera, en Bolivia, es asesinado por los soldados del imperio.
A grandes rasgos esa es la historia. Simple, ¿no? Entonces, ¿Qué hace tan fantástica la leyenda y la imagen que tenemos del comandante Guevara?
Seguramente esa pureza de alma y espíritu reflejada en la foto tradicional, en la que aparece de barba y calzando su cabeza con la boina del uniforme de los comunistas.
Seguro que los jóvenes identifican en este histórico ser la lucha que deben presentarle al globalismo existente a fin de mantenerse como personas únicas e indivisibles; la lucha que les representa que es posible triunfar ante lo difícil; la pasión por la vida y por la libertad. Libertad de todo, de ellos mismos, de las cadenas sociales que los atan cada vez mas y los pretenden conducir a través de los grandes dominios de la comunicación, que dictan que vestir, como vestir y en que momento vestir.
El Ché les y nos representa la alternativa de lucha, -aunque ésta solo se de en el debate-, por encima de actores superfluos pero cubiertos totalmente por los medios de comunicación, tales como el fantoche del subcomandante Marcos, el que en su pregón por la democracia y la libertad de elegir, se olvida de que ésta exige la participación responsable, toda vez que, merced a la cobertura mediática, su opinión impacta el tejido social. Además, ese actor ha dado muestras de ser un hábil negociador con el capital, por lo que su aparición en escena solo se da cuando el gran capital así lo requiere. ¿No me cree? Cheque por favor sus tres últimas apariciones y los contextos en los que se han dado.
Pero bueno, ese es solo uno de los falsos profetas que aparecen en estos oscuros tiempos.
Y lo he destacado, porque las generaciones que se unen para promover los cambios y las transiciones necesarias de nuestra anquilosada sociedad deben de tener claras las distancias entre el legado del Ché y las pretensiones de los servidores del capital, del trust, de los gabachos, pues, para hablar claro.
Sea éste un homenaje a la memoria de Ernesto Guevara.
Y también, sea un llamado para quienes consideran al Ché como un guía: caminemos en la concordia con las ideas del comandante y, desde los espacios más diversos, presentemos una batalla digna al capitalismo. Recuerde que una sola acción honesta a favor de la libertad y la democracia puede ser un aporte que haga la diferencia.
Y las diferencias pueden ser varias, hasta que se construya una escalera que dé al traste con el disparate bíblico de la torre de Babel, para encontrar coincidencias en las ideas y en las acciones.
Cualquier reclamación que sea sin membrete.



