El secuestro de Ingrid Betancourt

Abr 12th, 2008 | By admin | Category: Oscar Klassen

“Et autorutes liberté, personne n´ose dur wthout chaînes…”
Joaquín Sabina.-

Ingrid Betancourt, colombiana, activista social, comunicadora, diputada en 1994 y senadora en 1998, candidata a la Presidencia de la república de Colombia en 2002.

Betancourt, una voz que se alza para denunciar la corrupción en su país, y para proponer alternativas de solución a los problemas colombianos, que no son pocos. Una voz que molesta a los poderosos y que incomoda a los dueños de vidas de aquel país.

Un susurro libertario que lesiona los intereses de Estados Unidos en Latinoamérica.
Ingrid Betancourt, cabeza de un movimiento librepensador, cuya lucha fue frenada en febrero del 2002, al ser víctima de secuestro, presumiblemente por las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC). Dicen en aquel país, que su desaparición beneficia a más de uno.

El secuestro y la muerte por encargo son práctica común en Colombia. El terrorismo es solo una herramienta que se usa desde el poder que otorga la investidura presidencial, utilizando como vehículos a los grupos paramilitares que abundan y que son, presuntamente, financiados por los jefes del narcotráfico.

Pero ha habido sus excepciones, como en todo, en la lucha por la construcción de la república colombiana. Aunque esas excepciones han sido borradas de la faz de la tierra y convertido en estadística. Le cuento de Luís Carlos Galán, candidato a la presidencia de aquel país y asesinado en 1989 por gente de Pablo Escobar Gaviria, el capo del narcotráfico colombiano; Galán se había propuesto apoyar el proyecto de extradición de narcotraficantes a los Estados Unidos para ser juzgados. De este personaje, le digo que apenas en 2006, o sea, 17 años después de su asesinato, se ha iniciado el proyecto de investigación de su muerte, cuya autoría intelectual se le atribuye a Alberto Santofimio Botero, a la sazón Ministro de Justicia de aquel país.

Bien, pues Ingrid Betancourt había dejado de ser motivo de noticia internacional (por lo menos para estas tierras tan alejadas de Dios) después de su desaparición y en más de una voz se le suponía muerta.

Sin embargo, en diversos países, su nombre es sinónimo de esperanza, y agrupaciones internacionales que pugnan por el respeto a los derechos humanos se han organizado en torno al recuerdo de ésta mujer.

Hoy se sabe que está viva y está confirmado que se encuentra en poder de las FARC, junto a Clara Rojas y Consuelo González, estas dos últimas posiblemente liberadas al momento de escribir el presente, en una operación de negociación llamada “Emmanuel” y comandada por el presidente de la República Bolivariana de Venezuela, Hugo Chávez Frías, quien ha sido el mediador para estos fines.

En esta historia que promete final feliz, la intriga, el engaño, la traición y la soberbia han jugado papeles protagónicos, otorgando investidura ruin a algunos de los actores del drama.

Uno de ellos, Álvaro Uribe, el presidente de Colombia, quien en conocimiento de que el niño Emmanuel, (fruto de una relación entre Clara Rojas y un integrante de las FARC y que fue procreado durante el tiempo de cautiverio de su madre) se encontraba bajo el resguardo de instituciones colombianas y no en las sierras de aquel país caribeño, como habían pretendido hacer creer a la opinión internacional, permitió que se montara el operativo cuya finalidad original consistía precisamente en el rescate del pequeño y las dos mujeres, acción que estuvo en riesgo por la mentira sembrada por Uribe, pues las FARC se negaron a proporcionar las coordenadas de entrega.

Sin embargo, ese engaño estaba previsto por algunos otros protagonistas del plan de rescate, entre ellos el presidente bolivariano Hugo Chávez, quien en negociación favorable, ha obtenido las coordenadas para llevar a cabo el rescate.
Pero en la negociación no se incluye el nombre de Ingrid Betancourt, a pesar de la intervención del polémico borrachito presidente de Francia Nicolás Sarkozy, dada la doble nacionalidad de la secuestrada.

Bien, le he contado de manera general el drama que ha centrado la atención de los medios de comunicación, y la información que aquí le presento proviene de agencias internacionales de noticias.

Pero lo sápido, lo cierto en medio de esta odisea humana, tiene nombre aunque no se quiere mencionar: Estados Unidos se encuentra detrás del telón.
Ingrid Betancourt elaboró desde los puestos que ocupó y que ya le mencioné, la propuesta de revolucionar a Colombia desde los tribunales, desde la ley internacional y desde el amor a la patria. ¿Cómo lograrlo? En su campaña presidencial, esa que fue truncada por el secuestro, Betancourt hizo fuerte oposición a que Colombia fuera considerada la capital del narco sudamericano, con la complicidad del gobierno de Estados Unidos, toda vez que, presumiblemente, capos como Pablo Escobar y otros tantos, recibían la protección imperial a fin de garantizar que el país continuaría desestabilizado, pues era la condición óptima para seguir interviniendo y decidiendo la suerte de aquel rincón caribeño.

No hay secreto.

La presencia de Betancourt y sus firmes convicciones respecto al de un ordenamiento patrio en el cual Colombia fuera para los colombianos atemorizó a los poderosos que le cuento y, obviamente, la atención de éstos se fue hacia la pequeña mujer de discurso fuerte y voluntad suficiente como para encender los ánimos de sus compatriotas en contra de los opresores.
En Colombia, eso se paga de dos maneras: con la vida o con el secuestro. Y en las dos vertientes de esa industria de la desaparición de gentes y razones, las FARC han jugado importante rol, toda vez que, como le conté, se dice ser un secreto a voces el financiamiento del narcotráfico colombiano y de la misma CIA.

Ingrid Betancourt corrió con suerte: solo fue secuestrada. Y digo “solo fue secuestrada”, porque aun sigue con vida para salir y retomar su lucha libertaria, similar a la que ha emprendido el bolivariano Hugo Chávez, el principal (o casi único) opositor a los desmanes del águila imperial por este continente devastado.

En México, recordemos, las cosas no tienen cauce mortal en contra de una sola persona desde el asesinato de Luis Donaldo Colosio a manos de sus propios amigos, según la versión popular más común. En México se violan los derechos de los candidatos y se avalan en la ley; en México se agrupan los ricos (claro, con el consentimiento de los Estados Unidos), pero los verdaderamente ricos, los dueños del país, para combatir juntos a quien represente la mínima posibilidad de propuesta a favor de los pobres, que somos muchos millones en este solar patrio.

En México, la soberanía y la libertad son meros adverbios de gracia concedida.
Le hablo del caso de Andrés Manuel López Obrador, el candidato cuya propuesta hizo tambalear las bases del capitalismo norteamericano fincado en las pocas fortunas mexicanas.

Andrés Manuel López Obrador es tan víctima como Ingrid Betancourt de los embates del sistema, y ambos son diferentes porque su posición física no fue la de decúbito dorsal en espera del embate hambriento del capitalismo yanqui, sino que recibieron de frente el ataque y lo supieron resistir.

En México, como le contaba, ya no se mata ni se secuestra a los candidatos. En México se organizan los poderosos para cometer crímenes de lesa patria en nombre de la patria.

El caso de Ingrid Betancourt, una vez que se logre su libertad, acción que seguramente será el siguiente paso en esta historia de liberaciones, destapará las cloacas del poder y nos permitirá ver, en su dimensión real, la capacidad de pudrición que tienen las manos yanquis a través de sus corchetes instalados en casi todos los diversos gobiernos latinoamericanos.

El caso de Andrés Manuel López Obrador retomará su vigencia en este 2008, toda vez que la incapacidad de los panistas para gobernar sin lazarillo gabacho ha quedado de manifiesta a través de la doble alza de precios de los básicos en menos de dos meses, y la anunciada pretensión de la reforma energética, misma que va encaminada a despojarnos de la pobre riqueza del subsuelo, anhelo del abyecto usurpador Felipe Calderón.

Pues mire usted, la conclusión es que en todas las latitudes del continente, las cosas están apuntando a que el planeta, como dice la canción de Natalia Lafourcade, gira y gira a la derecha…a pesar de que está por demás comprobado de que no es la ruta correcta.
Cualquier reclamación, que sea sin membretes.

 

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