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La marginación social de los tarahumaras en Batopilas

Ago 1st, 2008 | By admin | Category: Román Corral

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Román Corral Sandoval.-

Primera de tres partes.-

No me explico el porqué los tarahumaras o rarámuris, auténticos y originales dueños del estado de Chihuahua, viven en cuevas de las barrancas o sierras, vestidos con harapos y alimentándose como en la Prehistoria, sirviendo como bestias de carga y soportando enfermedades, hambrunas y explotación.

En Batopilas observé indígenas tarahumaras en condiciones infrahumanas: sin la luz del alfabeto, cargando sobre sus espaldas muebles, vigas, bultos pesados, por el pedregoso “camino real”, desde el Mineral de La Bufa hasta el poblado de Batopilas, cuesta arriba y cuesta abajo, sin inmutarse y sin quejarse de nada.

Los veía pasar todos los días por el “camino real” por un lado de mi salón de clases caminando solos o en pequeños grupos.

Al igual que los habitantes de la Misión de Satevó, los tarahumaras sufren de los mismos males y marginación social pero en mayor escala; los mestizos o “chabochis”, como nos llaman los tarahumaras nos sentimos “superiores” a los hermanos rarámuris y algunos moradores de la Misión de Satevó los creían inferiores porque estos indígenas se ponían apellidos de animales o cosas: Juan Ratón, Pedro Pitahaya, etc.

Y así iban los tarahumaras a buen paso recorriendo el “camino real” cargando sobre sus espaldas pesados bultos y el gran peso de la marginación social.

El “camino real” es la vía de comunicación de la Barranca de Batopilas y de otras municipalidades vecinas; es la columna vertebral que une a todas las comunidades de la barranca y la sierra que en 1970 carecían de carreteras pavimentadas como las que existen en el altiplano y desierto chihuahuenses; en este 2008, la mayoría sigue en la misma situación.

1.- REPARTO DE COBIJAS EN LA MISIÓN DE SATEVÓ.

En 1972 bajaron de las serranías cercanas a la Misión de Satevó cientos de tarahumaras, se concentraron en el patio escolar y alrededor del templo en espera de que les fuera proporcionada una cobija.

El gobierno federal cuyo titular era Luis Echeverría Álvarez envió un gran helicóptero con quinientas cobijas que beneficiaron a igual número de personas principalmente tarahumaras.

En el cuarto anexo a la Casa del Maestro de 25 m2 y en mi habitación fueron apilados los cobertores desde el piso hasta el techo; durante tres noches dormí en el pasillo estrecho que quedó entre los cobertores apilados.

El Comisario de Policía Dolores Gil Hermosillo recibió la orden de llamar a los tarahumaras de las serranías cercanas a la Misión de Satevó y por espacio de varios días éstos se presentaron para recibir el obsequio del gobierno de la república; la escuela fue utilizada para dicho trámite porque en esta pequeña comunidad no existe otra institución oficial.

2.- UNA HUELLA DIGITAL: ÚNICA CONSTANCIA DE SU EXISTENCIA. Los tarahumaras sin pronunciar palabra firmaron de recibido en unos documentos especiales estampando la huella digital del dedo pulgar derecho; no sabían leer ni escribir y no tenían nombres ni apellidos, tal vez en su comunidad los llamaban o se comunicaban de alguna manera.

Eran chihuahuenses que no figuraban en el Registro Civil por lo que oficialmente no existían y casi ninguna autoridad se preocupaba por su status legal; nadie sabía las fechas de sus nacimientos, tal vez ni ellos; lo que era seguro eran sus fallecimientos en la Barranca de Batopilas en el interior de alguna cueva, en un jacal, a orillas del río, en algún atajo o en la profundidad de algún abismo o precipicio de esta irregular orografía, de lo cual tampoco quedaría constancia legal.

3.- COBIJAS NUEVAS PARA CUBRIR UNA MARGINACIÓN ANCESTRAL. Los moradores que fueron a buscar a los tarahumaras a la Cumbre llamada “El Pajarito” y a otras serranías seguramente hablaron con los gobernadorcillos como Bernabé Herrera de la comunidad de “Buena Vista” o con Julio Noriega de “El Chilicote”.

En los días en que desfilaron por el patio escolar centenares de tarahumaras desde lugares desconocidos en el mapa del estado de Chihuahua, pude observar sus rasgos físicos, conducta, hermetismo o introversión y desconfianza hacia los “chabochis”.

Desnutridos, de cuerpos demasiado delgados, piel reseca y lacerada por las inclemencias del tiempo, vistiendo harapos y descalzos los rarámuris volvían a sus comunidades con una cobija nueva de colores llamativos que contrastaba con sus rostros tristes, miradas perdidas y su miseria ancestral.

No he observado desde entonces a seres humanos tan callados, sufridos y marginados.

Es de agradecerse lo que hizo el gobierno federal por los tarahumaras, supuestos dueños de los bosques chihuahuenses; pero la verdad es que nuestras etnias merecen un mejor destino y nivel de vida; cuando a estos humildes seres humanos se les da una limosna, es el pan de hoy y el hambre de mañana ya que son tantas sus carencias que estas cobijas recibidas solamente prodigaban un paliativo a su miseria ancestral; durante los días de la repartición de tan llamativos cobertores observé
en vivo y a todo color los matices de la marginación social.

4.- LA SITUACIÓN DE LOS TARAHUMARAS. Son los rarámuris y los antiguos tubares los que han conocido palmo a palmo, los caminos, veredas y atajos de las barrancas y sierras donde han dejado gran parte de su vida al recorrer a pie esas grandes distancias para ir a las tiendas de los “chabochis” a comprar manta, manteca y mercancías con el escaso dinero que obtienen por rentarse como si fueran animales de carga o por la venta de panelas o quesos que elaboran con la leche de las cabras si es que algunos las poseen o por la venta de hierbas medicinales mismas que
utilizan para curar sus males.

Los tarahumaras de las barrancas no viven igual que sus hermanos de las partes altas de la sierra; los primeros viven en jacalones o en cuevas donde existen pinturas rupestres o huesos petrificados de seres humanos que hace miles de años probaron lo agreste e inhóspito de estas montañas y profundos cañones; son los descendientes de los rarámuris que ayudaron a los misioneros jesuitas a construir el templo de la Misión de Satevó, salidos de las cavernas de las barrancas donde nacieron y donde seguramente morirán.

Estos indígenas nunca han visto de manera directa los adelantos científicos y tecnológicos de la “civilización”; es lamentable decirlo pero entre más progreso económico existe en nuestro país las etnias y otros grupos sociales sufren más marginación; así lo percibía en 1970 y ahora en el 2008, esta cuestión sigue igual, pues oficialmente existen en México 60 millones de personas que viven en pobreza extrema. Los tarahumaras de la Barranca de Batopilas en 1970, no eran mexicanos de cuarta ni de quinta o sexta categoría, sencillamente no encajaban en ninguna categoría socio-económica.

Porque cientos de ellos, por las condiciones en que los observé en la Misión de Satevó, me dio la impresión de que vivían en la Prehistoria, aunque el hombre había llegado a la Luna en julio de 1969.

Grant Shephered dejó claro en su texto que le parecían tristes, solos y abandonados los habitantes de la Misión de Satevó, pero los tarahumaras de las serranías vecinas a esta comunidad de plano no merecieron un estudio profundo o comentarios extensos para este escritor norteamericano quien escribió el libro “The Magnet Silver”.

Históricamente los tarahumaras y otras etnias del estado de Chihuahua, ocupaban las tierras fértiles del altiplano chihuahuense, antes de la llegada de los españoles a estas tierras norteñas encabezados por Álvaro Núñez Cabeza de Vaca, pero debido al miedo de ser exterminados por los conquistadores europeos, huyeron hacia la zona montañosa de la Sierra Madre Occidental. Sin embargo el avance español llegó hasta las barrancas y las sierras, acompañados por los misioneros jesuitas, que realizaron su obra evangelizadora en las serranías y construyeron las misiones con ayuda de la mano de obra indígena.

Fuente: “RUMBO A BATOPILAS. MEMORIAS DE UN MAESTRO RURAL”. 3a. EDICIÓN. Mayo de 2008. Corregida y aumentada a 250 páginas.

Edición Conmemorativa de los “300 AÑOS DE LA FUNDACIÓN DE BATOPILAS”.

ATENTAMENTE

“Aunque en 1970 leía casi en tinieblas,
…Batopilas le dio luz a mi espìritu”.

Román Corral Sandoval.
“El Escritor de Batopilas en el Siglo XXI

 

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