La marginación social de los tarahumaras en Batopilas
Ago 6th, 2008 | By admin | Category: Román Corral
Román Corral Sandoval.-
Segunda de tres partes.-
5.- LAS CARRERAS DE BOLA. Otro aspecto que conocí de los tarahumaras fueron sus fiestas religiosas que observé con destalle el 01 de febrero de 1971.
Para esta descripción me basaré lo escrito en mi Diario. Lunes 01 de Febrero de 1971. “…Mis alumnos del turno vespertino del tercero y cuarto grados estaban muy inquietos dentro del aula escolar, se paraban y desde sus mesa-bancos se asomaban por la ventana para observar a los numerosos tarahumaras que transitaban por el “camino real” provenientes de las montañas cercanas a la Misión de Satevó para reunirse con otros que ya descansaban alrededor del templo y que habían llegado desde las serranías desde las primeras horas del día.
En breve iniciarían las Carreras de Bolas en vísperas de la celebración del “Día de la Candelaria”. A las 05:00 p.m opté por terminar las clases y mis alumnos presurosos corrieron atravesando el patio o cercado escolar, para luego tomar por el “camino real” hacia el sur, pasando el arroyo seco que divide a la comunidad en dos partes; en la parte sur se localiza el templo y a su alrededor estaban sentados en cuclillas numerosos rarámuris con su piel curtida por el sol, su atuendo singular y algunas prendas valiosas para apostar en las Carreras de Bolas.
También me enfilé hacia el templo para ver de cerca dicho encuentro festivo-deportivo; algunos moradores de la Misión de Satevó y un sinnúmero de tarahumaras descansaban recargados en el cercado de piedras del frente del templo: esperaban con atención el inicio de las Carreras de Bolas. La primera carrera fue de diez vueltas: así fue el acuerdo de los dos equipos contrincantes integrados por seis miembros.
La bola era de madera del tamaño de una de béisbol, hecha con guásima o de palo rojo.
Con el pie derecho, cada equipo, con la bola reposando en el suelo trataría de aventarla hasta los puntos escogidos ex profeso, de ida
y de vuelta, hasta completar diez vueltas. La carrera dio inicio y surgieron las apuestas (manta, velas, dinero, objetos de valor, etc.) por el equipo favorito: la partida fue en el lado poniente del templo: hacia el sur se llegaría hasta el puerto del panteón para completar una vuelta en el arroyo ubicado a unos cuantos metros al norte del templo.
Los equipos de tarahumaras representados con sus mejores corredores estaban listos en la meta de salida esperando ansiosos con su pelota de madera reposando en la tierra; esperaban la señal de partida, mientras los asistentes estaban a la expectativa reunidos en pequeños grupos platicando y riendo nerviosamente: cada vuelta duraría en promedio siete minutos.
Cuando la carrera dio inicio el público gritaba apoyando a su equipo y las palabras en rarámuri sobresalían al español hablado por los chabochis…”.
Era la primera vez que era testigo de la algarabía que encerraba esta competencia entre los tarahumaras pero también que los veía contentos, debido a que no tienen muchos motivos para estarlo dada su marcada marginación social: palpé la gran resistencia física de esta etnia y dominio pleno del terreno montañoso, me sentí inferior frente a estos atletas indígenas, a pesar de que a mis diecinueve años de edad había caminado y recorrido distancias en forma suficiente debido a mi origen humilde, ya que mi familia nunca tuvo automóvil.
Después de más de una hora de dura competencia donde los participantes dieron muestra de una extraordinaria condición física el equipo ganador fue ovacionado a la manera de los rarámuris; riendo y apenas enseñando la dentadura, pero sin escandalizar.
En ese momento el sol se estaba ocultando entre las montañas y quizá no lo había hecho porque deseaba esperar el desenlace de esta espectacular Carrera de Bola donde reunió a cientos de espectadores…”.
6.- HISTORIA DE LAS CARRERAS DE BOLA. Algunos historiadores señalan que durante la Época Colonial, los corredores indios llevaban el correo desde la Ciudad de Chihuahua hasta el poblado de Batopilas por una distancia de 400 kilómetros de terreno abrupto en tres días; descansaban un día: efectuaban el regreso en tres días más.
Por otra parte, lograr alcanzar a un venado a pie puede parecer imposible para cualquier persona, pero no para los tarahumaras, que desde su infancia son adiestrados para las carreras de larga distancia. Las razones para dar tanta importancia a la Carrera de Bola son estrictamente sociales; las carreras tarahumaras a pie pueden durar días, ya que las piernas de los rarámuris son poderosas; también se prolongan por días las tesgüinadas. Sin duda alguna, el alcoholismo, la tuberculosis y una desnutrición lacerante son los enemigos mortales que diezman a los tarahumaras; no obstante, pueden cargar sobre sus espaldas lo equivalente a lo que un arriero transporta en el lomo de una mula por el pedregoso “camino real”:
Así son los tarahumaras de la Barranca de Batopilas a los que tanto admiré en los dos años de mi estancia como maestro rural en la Misión de Satevó, tiempo que marcó para siempre mi interior y le dio un sello especial a mi forma de ser y de pensar.
Por todo esto puedo concluir que los rarámuris son los chihuahuenses a los que más admiro y respeto.
7.- LAS DANZAS DE LAS PASCOLAS. Una vez terminadas las Carreras de Bola se iniciaron los preparativos para la Pascola (danza de los tarahumaras) donde participaron los adultos al compás del violín y tambores.
En esta ceremonia convivieron los rarámuris en una clara hermandad con los chabochis o mestizos, o sea, los moradores de la Misión de Satevó; al anochecer en el interior del enorme templo a la luz de las velas, cachimbas y teas noté alegres los rostros de los asistentes, algunos vistiendo vistosos atuendos, coloridos y llamativos recién elaborados para la ocasión; pronto dio inicio la música monótona de la Pascola, donde los niños se integraron a la fiesta colectiva danzando junto con los adultos quienes vestían atuendos para esta fiesta religiosa en forma multicolor.
Aunque varias personas no danzábamos, con nuestra presencia y respeto nos sentíamos integrados a esta fiesta pagano-religiosa: fue la primera vez que deseaba profundamente ser tarahumara para integrarme a su espiritualidad y poseer la nobleza de su alma…”.
8.- EL TESGÜINO. “…A las 10:00 p.m. de ese 01 de febrero de 1971 después de observar durante dos horas a los incansables danzantes acompañé a Don Francisco Soto Fierro, presidente de la mesa directiva de la sociedad de padres de familia a tomar tesgüino en la casa de Aída Cruz Cruz, madre de mis alumnos Petra, Clotilde y Felipe Torres Cruz.
Esta bebida elaborada con la fermentación de los granos de maíz es parte primordial de estos festejos: era la única forma en que podía ser partícipe de tan contagiosa alegría.
La mayoría de los moradores de la Misión de Satevó habían preparado tesgüino para brindarlo, en un gesto de hospitalidad a los danzantes y acompañantes; también lo elaboran los tarahumaras que habitan las montañas que rodean a esta comunidad y lo consumen como motivo general de sus fiestas y ceremonias religiosas pero además como válvula de escape para olvidar, al menos unas horas, su triste realidad y los problemas inherentes a la pobreza que sufren en forma ancestral.
También consumen lechuguilla o bebida que se extrae de una especie de maguey o agave, y al sitio donde se realiza esta operación o proceso le llaman vinata.
Conforme fue transcurriendo la noche el tesgüino empezó a desinhibir a los rarámuris y chabochis mientras la danza cobraba más ritmo y el número de participantes aumentaba; en el interior del templo los danzantes de la monótona música de la Pascola, al ritmo del violín y tambores, parecían no conocer la fatiga; carcajadas y gritos se dejaban escuchar de parte de los chabochis y otros rarámuris que se encontraban en grupos pequeños en una notoria hermandad en esa noche fría en el exterior del templo a la luz y el calor de numerosas y grandes fogatas, en una notoria hermandad; me integré en uno de esos grupos después de que había observado a los danzantes en plena acción con sus atuendos vistosos; fue la primera vez que tomé tesgüino hasta marearme para experimentar y olvidar un
poco mis problemas.
Me retiré en la madrugada porque la fiesta parecía no tener fin; en el trayecto a la Casa del Maestro pensaba que tanta algarabía y el ruido de los pascoleros me iban a servir de sedante para dormir profundamente, aunque los vasos de tesgüino que ingerí ya habían cooperado en algo con este propósito: eran las primeras horas del martes 2 de febrero de 1971, “Día de la Candelaria”…”.
9.- AL DÍA SIGUIENTE… “…Caí como bulto de cemento en las tablas apoyadas en los mesa-bancos de mi cama improvisada; desperté a las 06:00 a.m. y desde el patio escolar, pude observar alrededor del templo y seguramente en el interior, cómo yacían muchos tarahumaras dormidos en el suelo soportando la resaca, pero además los había en los arenales del río donde al despertar beberían suficiente agua o la mezclarían con pinole en una lata usada; otros probablemente recostados a la sombra de la vegetación espesa que bordea a lo largo del “camino real” temprano se habían encaminado a sus pequeñas comunidades dispersas en esta parte de la Barranca de Batopilas donde moran en cuevas o jacales; el tesgüino y la jornada maratónica de la fiesta religiosa los habían dejado exhaustos.
Al mediodía, la mayoría de los rarámuris, después de comer algo en las viviendas de los moradores de la Misión de Satevó o de sus propios alimentos, como el pinole elaborado con maíz tostado y molido iniciaron el retorno a sus hogares…”.




