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Las tres buenas noticias

Sep 7th, 2008 | By admin | Category: Ave Fenix

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Por: Alejandro PÉREZ ONTIVEROS.
Correo Electrónico: alejandro1_marco@yahoo.com.mx

Sobre sí mismo, sobre su propio cuerpo y mente, el individuo es soberano.- John STUART MILL.
(Filósofo, político y economista inglés. Londres, 20 de mayo de 1806-Aviñón, Francia, 8 de mayo de 1873).

Tres motivos de congratulaciones recibió el pueblo de México durante los días de la semana antepasada, a saber: la iniciativa del presidente de la República para aplicar la cadena perpetua a secuestradores; la decisión del Congreso de la Unión de cambiar el formato del Informe Presidencial, con lo que nos evitó a los mexicanos continuar siendo testigos de las presunciones de los presidentes y de las guarradas de los diputados irrespetuosos de la investidura presidencial y; la ratificación de la Despenalización del Aborto por parte de la Suprema Corte de Justicia de la Nación, de lo cual nos ocuparemos ahora.

La Asamblea Legislativa del Distrito Federal (ALDF), con una base mayoritaria de asambleístas emergidos del Partido de la Revolución Democrática (PRD), ha elevado por lo menos dos iniciativas trascendentales para el país, que han sido de gran beneficio para los ciudadanos. En este contexto hay que reconocer que los legisladores perredistas en esa Asamblea, se han fajado como los buenos y han logrado la aplicación de nuevas Leyes que, como la del Tabaco, ya opera en todo el país.

La otra es, la despenalización del aborto en sus etapas primarias la cual, como la del Cigarro, en poco tiempo estará aplicándose en todo el país, para beneficio de todos.

Es pues una verdad que la ALDF está convertida en punta de lanza para la aplicación de nuevas Leyes, lo que coloca a esa legislatura por encima de cuantas existen en la República, incluidas desde luego, las del Congreso de la Unión.

Los altos niveles de ataque a esta nueva Ley, sobre todo provenientes desde las tenebrosas catacumbas del Clero Mexicano, obligaron a que la iniciativa, ya convertida en Ley por la Asamblea Legislativa, llegara a la Suprema Corte de Justicia de la Nación (SCJN) abriéndose espacio a dos esperanzas opuestas: la de la mayoría de la sociedad mexicana que esperaba, como finalmente fue, la ratificación de la Ley, y la de los “Santos Varones” de la Iglesia Católica, que esperaban que fuera declarada inconstitucional, como inconstitucional es su intromisión es asuntos del Estado, y fuera por ello declarada nula, lo que finalmente no sucedió.

Y no sucedió porque la mayoría de los ministros de la Suprema Corte, después de largas discusiones y percepciones polémicas sostenidas con la minoría de ministros que estuvieron en contra de la Ley pro Aborto, finalmente aprobó la disposición legal, la declaró constitucional por no ser violatoria de ninguno de los preceptos de la Carta Magna, y la ratificó plenamente, con lo que quedó en vigencia para desencanto de los curas que de inmediato, mitoteros y veleidosos que son, echaron las campanas de la Catedral Metropolitana a doblar a muerto, por lo que dijeron era señal de luto obligada por el dictamen de la Suprema, en acción que repitieron las parroquias de los contornos del Distrito Federal.

La Suprema Corte de Justicia de la Nación, que en otras ocasiones ha resuelto casos en desfavorecimiento de las mayorías nacionales, lo que la había colocado en el descrédito y la desconfianza ciudadana, con el dictamen emitido en relación a lo del Aborto, se reivindica ante los habitantes de este país, tan urgidos de nuevas normas que saquen a México de su postración y de su bárbaro temor obligado por el fuego de la inseguridad atroz que lo calcina.

El golpe ha sido severo para las pretensiones clericales de continuar intentando influir en decisiones que solo competen a las autoridades civiles. A los señores de la sotana parece olvidárseles, o lo relegan malintencionadamente que, en el caso que nos ocupa, es a la mujer a la que le corresponde decidir sobre su cuerpo y sobre su deseo a ser madre. Obligados están los sacerdotes católicos en vigilar el comportamiento de muchos de ellos, propensos a la pederastia y al acoso sexual. No existe calidad moral en los clérigos de condenar a ultranza un hecho que para ellos no es moral y que, supuestamente, atenta contra la vida.

La inmoralidad también existe en los canónigos que, desafiando su propia fe, han atentado contra la integridad física, sexual y psicológica de aquellos a los que violaron y de aquellos a los que hicieron víctimas de sus más bajos instintos.

Bien pues por la Suprema. AF

 

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