Presentarán libro de Batopilas
Nov 12th, 2008 | By admin | Category: Román Corral
Redacción
La Universidad Autónoma de Ciudad Juárez y el Instituto de Ciencias Sociales y Administracióna través del programa de licenciaturaen educación invitan a lasociedad en general a la presentación del libro “Rumbo a Batopilas, Memorias de un Maestro Rural” del autor Román Corral Sandoval.
El evento será el 18 del presente mes en la Sala Armando Chávez del ICSA en Ciudad Juárez, Chihuahua, participan Beatriz Anguano Escobar y Luis AlfonsoLimas Hernández.
“El Maestro Rural es la única luz con que cuentan en su camino por la vida los moradores de las comunidades marginadas de la Baja Sierra Tarahumara para poder salir de su atraso social, educativo y cultural. El Maestro Rural es constructor de escuelas y arquitecto de una sociedad más justa\”. ROMÁN CORRAL SANDOVAL.
MOTIVOS QUE ME IMPULSARON A SU REDACCIÓN:
“RUMBO A BATOPILAS. Memorias de maestro rural”.
Autor: Román Corral Sandoval.
“…Este libro lo escribí gracias a la información y enseñanzas que recibí, de 1970 a 1972, de los moradores de la Misión de Satevó, municipio de Batopilas, Chihuahua, los cuales conocen todo lo referente a la vida de las barrancas y de las sierras; los conocimientos los recibieron de sus antepasados y se seguirán transmitiendo a las nuevas generaciones; lo publiqué para dar a conocer la marginación social descomunal que percibí en mi estancia en la Barranca de Batopilas.
Considero que es una modesta contribución para dar a conocer la situación en que encontraban en 1970, la mayoría de nuestros hermanos chihuahuenses, principalmente tarahumaras, que habitan poblados olvidados de la
Alta y Baja Sierra Tarahumara.
La marginación social lastima no solamente a la etnia tarahumara sino también a los pimas, varogios, tepehuanes y a la población serrana en general; este lastre que ofende a la conciencia nacional es un ataque a la dignidad humana y al desarrollo integral de los individuos…”.
“…Fue la pobreza, la miseria, la marginación social que observé en la Barranca de Batopilas la que traspasó todo mi ser y se apoderó para siempre de mi sentir y de mis pensamientos.
Esta cuestión fue el motor principal para que escribiera este texto, con algo de sufrimiento, por los recuerdos tristes que me dejó mi estancia en la Misión de Satevó, y no es porque sea una persona melancólica, sino que como maestro rural percibí el sufrimiento de la gente y eso impactó demasiado en mi personalidad.
Aún así, siempre me consideré el más inútil y pobre de los moradores de la Misión de Satevó, porque de ellos dependía mi estado anímico y hasta la curación de mis enfermedades, y por ellos tenía trabajo, donde dormir y hasta comida me brindaron al inicio de mis labores docentes, cuando no tenía ni un centavo.
De no haber sido por estos batopilenses, pude haber muerto de lo que sea.
Este texto lo redacté por los moradores de la Misión de Satevó en particular y por los de la región serrana en general, pero si su marginación social no me hubiera impactado y afectado directamente tal vez nunca lo hubiera escrito; su redacción lleva la finalidad de que se conozca la historia de esta pequeña comunidad chihuahuense de escasa o nula importancia política o económica y que por lo mismo padece olvido y abandono; su importancia es histórica debido a la misión fundada por los jesuitas, obra arquitectónica poco conocida por los chihuahuenses: el templo de la Misión de Satevó construido entre 1760 y 1764, el cual debería preservarse por representar una gran obra arquitectónica de la Baja Sierra Tarahumara, llamada la Catedral Perdida de la Baja Sierra Tarahumara, que no hallamos algo similar a cientos de kilómetros a la redonda.
El valor que tiene la redacción de este libro, escrito por un maestro rural normalista: el menos significativo tal vez del gran magisterio chihuahuense, no es tanto lo que yo haya sufrido en la Misión de Satevó sino el llamar el interés gubernamental por esta comunidad quizá la más insignificante y menos importante del estado de Chihuahua.
Esa miseria ofensiva y lacerante que percibí y sentí en carne propia en la vida de estos batopilenses fue la causa principal
de mis constantes depresiones, tristezas y melancolías. Los moradores de esta comunidad y los rarámuris sufren callados y estoicamente la marginación social de la cual han hecho compañera inseparable debido a que la riqueza portentosa nunca la conocieron pues los beneficios del auge o bonanza minera de Batopilas del Siglo XX no les permitió contar al menos con una vida digna.
Los chabochis o mestizos de la Misión de Satevó y los mismos rarámuris no recibían en 1970 ayuda oficial por lo que las hambrunas, la desnutrición, las enfermedades diezmaban su población y hacían más palpable la marginación social de estos chihuahuenses de la Barranca de Batopilas. Así lo percibí y viví como maestro rural de escuela unitaria y director de la misma de 1970 a 1972, por lo que la labor educativa que llevé a cabo en estas condiciones presentaron fuertes
obstáculos socio-económicos dada la pobreza extrema de sus habitantes…”.
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