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Descubre qué causa los terremotos y cómo el movimiento de las placas tectónicas genera estos fenómenos naturales. Aprende sobre hipocentro y epicentro.

Guía completa para entender qué causa los terremotos y sismos

La sensación de que el suelo firme bajo nuestros pies se convierta repentinamente en una superficie líquida e inestable es, sin duda, una de las experiencias más aterradoras y humildes que un ser humano puede enfrentar. La naturaleza, en su estado más crudo, nos recuerda nuestra fragilidad a través de los movimientos telúricos. Sin embargo, para mitigar el miedo y actuar con resiliencia, es imperativo profundizar en el conocimiento científico y comprender qué causa los terremotos. Estos eventos no son simples accidentes geográficos, sino la manifestación externa de un planeta vivo que respira, se ajusta y libera energía acumulada durante milenios en su interior profundo.

Desde una perspectiva técnica, un terremoto es la liberación súbita de energía elástica almacenada en las rocas de la corteza terrestre. Imagine una banda elástica que se estira hasta su límite; en el momento en que se rompe o se suelta, la energía sale disparada. De la misma forma, las rocas terrestres soportan presiones colosales hasta que fallan. Entender este fenómeno no solo es una curiosidad académica, sino una necesidad de supervivencia para las sociedades modernas que habitan zonas de alta actividad sísmica en América Latina, España y el resto del mundo.

La tectónica de placas como motor principal del movimiento

La respuesta fundamental a la pregunta sobre qué causa los terremotos reside en la Tectónica de Placas. La capa más externa de la Tierra, la litosfera, no es una cáscara continua, sino un rompecabezas de enormes bloques llamados placas tectónicas. Estas placas flotan sobre la astenosfera, una capa de roca caliente y maleable que permite que se desplacen a velocidades imperceptibles, comparables al crecimiento de las uñas humanas. Es en los bordes de estos bloques donde se gesta la mayor parte de la actividad sísmica global.

Cuando estas placas interactúan, no lo hacen de forma suave. Debido a la fricción extrema, los bordes se “traban” mientras el resto de la placa continúa empujando. Este proceso acumula una tensión deformadora en las rocas. Eventualmente, la tensión supera la resistencia de la roca, provocando una ruptura que envía ondas sísmicas a través de todo el planeta. Este mecanismo, conocido como la teoría del rebote elástico, es la base de la sismología moderna.

Tipos de interacciones en los bordes de placa

Dependiendo de la dirección del movimiento, los bordes de las placas generan diferentes tipos de sismos:

  • Límites Convergentes: Donde las placas chocan. Aquí ocurren los terremotos más potentes del mundo, especialmente en las zonas de subducción, donde una placa oceánica se hunde bajo una continental.
  • Límites Divergentes: Donde las placas se separan. Estos sismos suelen ser menos profundos y ocurren frecuentemente en las dorsales oceánicas.
  • Límites de Transformación: Donde las placas se deslizan lateralmente, como la famosa Falla de San Andrés. Estos movimientos generan sismos muy superficiales y altamente destructivos.

Fallas geológicas: Las cicatrices de la corteza terrestre

Un error común es pensar que los sismos solo ocurren en los bordes de las placas. En realidad, la energía se libera a través de fallas geológicas, que son fracturas en la corteza donde las rocas a ambos lados se han desplazado. Las fallas pueden encontrarse a miles de kilómetros de un borde de placa, activadas por las tensiones internas de los continentes.

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Existen tres categorías principales de fallas que todo especialista debe reconocer para evaluar el riesgo sísmico:

  1. Fallas Normales: El bloque superior se mueve hacia abajo respecto al inferior, resultado de fuerzas de tensión que estiran la corteza.
  2. Fallas Inversas o de Empuje: El bloque superior sube sobre el inferior por fuerzas de compresión. Son típicas de las grandes cordilleras como los Andes o el Himalaya.
  3. Fallas de Desgarre o Transformantes: El movimiento es puramente horizontal.

“Los terremotos no matan personas, los edificios mal construidos sí. La sismología nos da el mapa, pero la ingeniería civil nos da el escudo”. – Dr. Víctor Cruz-Atienza, investigador del Instituto de Geofísica de la UNAM y experto en dinámica de rupturas.

Hipocentro y Epicentro: Localizando el caos

Para la opinión pública, el término más conocido es el epicentro, pero para entender la magnitud de un desastre, debemos mirar hacia abajo. El hipocentro o foco es el punto exacto bajo la superficie donde comienza la ruptura de la falla. La profundidad del hipocentro es crucial: un sismo de magnitud 6.0 a 10 km de profundidad suele ser mucho más devastador para una ciudad que uno de 8.0 a 300 km de profundidad.

El epicentro es simplemente la proyección vertical del hipocentro en la superficie. Es allí donde se registra la mayor aceleración del terreno inicial, aunque debido a la composición del suelo (efectos de sitio), la destrucción puede ser mayor en zonas más alejadas si el terreno es blando, como sedimentos antiguos o rellenos sanitarios.

Escalas de medición: ¿Magnitud o Intensidad?

Existe una confusión persistente entre la Escala de Richter y la Escala de Mercalli. Como periodista de investigación, es vital aclarar que miden cosas totalmente distintas. La Escala de Magnitud de Momento (Mw), que ha reemplazado a la antigua Richter, mide la energía total liberada basándose en el área de la falla que se rompió y la dureza de las rocas. Es un valor único para cada sismo.

Por el contrario, la Escala de Mercalli Modificada mide la intensidad, es decir, los efectos y daños causados en un lugar específico. Un solo terremoto tiene una magnitud única, pero miles de intensidades diferentes dependiendo de la distancia, la calidad de las construcciones y el tipo de suelo. Esta distinción es fundamental para los protocolos de emergencia de organizaciones como la FEMA en Estados Unidos o el CENAPRED en México.

Otras causas: El factor humano y volcánico

Aunque la tectónica domina el panorama, no podemos ignorar la sismicidad inducida. Actividades humanas como la minería a gran escala, el llenado de embalses de presas gigantescas y, más recientemente, la inyección de fluidos para el fracking, han demostrado ser capaces de activar fallas preexistentes. Estos sismos suelen ser de baja magnitud, pero su cercanía a zonas pobladas los hace peligrosos. Asimismo, el ascenso de magma en los volcanes genera sismos que actúan como precursores de erupciones, monitoreados de cerca por instituciones como el Servicio Geológico de los Estados Unidos (USGS).

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Precauciones y Recomendaciones de Seguridad

La prevención es la herramienta más potente que tenemos contra la incertidumbre sísmica. No podemos predecir cuándo ocurrirá un sismo, pero podemos decidir cómo nos encontrará.

ALERTAS Y PROTOCOLOS DE SEGURIDAD:

  • Antes: Realice un estudio de vulnerabilidad de su vivienda. Asegure muebles pesados a las paredes y tenga siempre lista una “mochila de 72 horas” con agua, alimentos no perecederos y radio.
  • Durante: La regla de oro es “Agacharse, Cubrirse y Sujetarse”. Manténgase alejado de ventanas y objetos que puedan caer. No use elevadores.
  • Después: Verifique fugas de gas y daños estructurales antes de reingresar. Esté preparado para las réplicas, que pueden ser casi tan fuertes como el sismo principal.
  • Advertencia: Desconfíe de cualquier predicción que indique día y hora exacta; la ciencia actual, respaldada por la NASA, aún no cuenta con la tecnología para predecir sismos con esa precisión.

La ciencia del futuro: Alerta temprana y monitoreo

A pesar de la imposibilidad de predicción, la humanidad ha avanzado en la alerta temprana. Gracias a que las ondas de radio viajan más rápido que las ondas sísmicas, sensores cercanos al epicentro pueden enviar una señal a las ciudades distantes, otorgando segundos valiosos que salvan vidas. Este sistema es vital en países con costas activas. La investigación continúa enfocándose en el estudio del comportamiento de las rocas bajo presión extrema para intentar identificar señales precursoras electromagnéticas o cambios en los niveles freáticos.

“Cada sismo es una lección escrita en el lenguaje de la Tierra. Ignorar la historia sísmica de una región es condenarse a repetir sus tragedias”. – Dra. Lucy Jones, sismóloga de renombre y fundadora del Dr. Lucy Jones Center for Science and Society.

Expertos como la Dra. Susan Hough del USGS subrayan en sus libros que la percepción pública del riesgo suele ser episódica: nos preocupamos tras el desastre y olvidamos con el paso de los años. Sin embargo, la geología opera en escalas de tiempo que no entienden de memoria humana. Por ello, la atemporalidad de la preparación debe ser nuestra política de vida.

Preguntas Frecuentes sobre qué causa los terremotos

¿Realmente se pueden predecir los terremotos?

No. Actualmente no existe ningún método científico probado para predecir el momento exacto, el lugar y la magnitud de un terremoto. Lo que la ciencia ofrece son pronósticos de probabilidad basados en el historial de fallas geológicas.

¿Por qué hay réplicas después de un sismo fuerte?

Las réplicas ocurren porque la corteza terrestre alrededor de la falla rota necesita ajustarse a su nueva posición. Son sismos menores que siguen al evento principal y pueden durar días, meses o incluso años.

¿El clima influye en la aparición de sismos?

Es un mito común. Los terremotos se originan a kilómetros de profundidad, donde las condiciones atmosféricas (calor, lluvia o viento) no tienen ninguna influencia. No existe el “clima de terremoto”.

¿Qué causa los terremotos en el mar?

Las mismas causas que en tierra: el movimiento de placas tectónicas. Si el sismo es lo suficientemente fuerte y genera un desplazamiento vertical del lecho marino, puede provocar un tsunami.

Hacia una cultura de resiliencia sísmica permanente

Entender qué causa los terremotos nos permite pasar del miedo paralizante a la acción estratégica. Vivimos en un planeta dinámico que, a través de sus movimientos, ha creado las montañas y los valles que tanto admiramos. La sismicidad es el precio que pagamos por habitar un mundo geológicamente activo. La responsabilidad de los ciudadanos, arquitectos y gobernantes es integrar este conocimiento en cada cimiento y en cada plan de emergencia.

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La verdadera seguridad no reside en la esperanza de que el sismo no ocurra, sino en la certeza de que estamos preparados para cuando suceda. Al invertir en infraestructura resiliente, sistemas de alerta temprana y educación comunitaria, transformamos la amenaza en un desafío superable. La Tierra seguirá moviéndose; es nuestra inteligencia y capacidad de adaptación lo que determinará nuestro futuro sobre su superficie.

Para profundizar en el monitoreo en tiempo real, se recomienda visitar el portal oficial de la Incorporated Research Institutions for Seismology (IRIS), donde se puede observar la actividad sísmica global minuto a minuto.

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